312 homicidios y mordaza a la crítica


 

312 homicidios en apenas nueve meses son el reflejo irrefutable de un fracaso en la gestión de la seguridad pública.

Mientras la violencia en las calles escala y las muertes se acumulan, el Ministerio del Interior parece haber volcado sus mejores esfuerzos no en frenar el delito, sino en silenciar a quienes señalan las fallas del sistema.

La reciente destitución de Carlos Piedra, presidente del sindicato de la Guardia Republicana (Unipolgr), marca un hito peligroso. Es la segunda vez que el gobierno frenteamplista busca expulsar al dirigente quien debió recurrir a la Justicia para anular la primera decisión.

La señal enviada desde la conducción de la cartera es clara y desalentadora: ante la falta de resultados frente a la delincuencia, la respuesta oficial es el disciplinamiento y el castigo a la disidencia.

Esta doble vara retrata una prioridad distorsionada:

Incapacidad en el terreno: Un escenario de violencia desbordada donde las estrategias operativas vigentes se muestran ineficaces para proteger a la ciudadanía.

Mano dura hacia adentro: El uso del aparato administrativo para amordazar a la representación sindical y neutralizar cualquier cuestionamiento técnico o político sobre el rumbo de la seguridad.

Cuando las autoridades responden a una crisis de violencia persiguiendo a las voces críticas en lugar de revisar sus planes de patrullaje y combate al crimen, el mensaje institucional es devastador.

No se protege a la población; se protege el relato.

Ricardo Alba




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