ALGO HUELE MAL EN LOS BAÑADOS DE CARRASCO


 El olor a humedad en la cuenca de los Bañados de Carrasco es propio de la naturaleza. Es el perfume de un ecosistema vital que regula las aguas y cuida la biodiversidad.

Lo que hoy genera hedor no es el humedal: es la rancia costumbre de confundir el mostrador público con los intereses privados.
El caso del subsecretario de Ambiente, Oscar Caputi, expone con nitidez esa falla. Que la segunda autoridad del ministerio encargado de velar por el patrimonio ambiental haya sido, hasta poco antes de asumir, consultor senior y apoderado legal del grupo inversor de Eduardo Costantini —interesado en levantar un megabarrio de 1.200 millones de dólares en la zona— rompe cualquier estándar básico de neutralidad.
A esto se suma el antecedente: tiempo atrás, el intento de retocar los límites y la protección ambiental de los bañados debió frenarse por la presión académica y la denuncia de los vecinos. Cuando las normas parecen pensarse a la medida del capital, la sospecha deja de ser malicia para convertirse en sentido común.

El peso del eslogan
Durante la campaña electoral, el Frente Amplio insistió con una consigna de fuerte carga moral: "Que gobierne la honestidad". El eslogan buscaba marcar una frontera ética infranqueable con la oposición, prometiendo un estándar superior de conducta y transparencia.
Pero la política no se juzga en un afiche: se juzga en el gobierno.
La honestidad pública no se agota en que un jerarca "se abstenga de firmar" un expediente para salvar la forma administrativa. Exige distancia respecto a las corporaciones y la garantía de que quien regula el patrimonio de todos no tenga la camiseta puesta del privado que pretende explotarlo.
​Tildar las declaraciones de Caputi como un simple "error" resulta una respuesta insuficiente. Si el compromiso de que "gobierne la honestidad" se relativiza ante el primer conflicto de intereses de peso, el eslogan corre el riesgo de quedar archivado como otra promesa incumplida.
El Ministerio de Ambiente no puede funcionar como una puerta giratoria donde se pasa, sin escalas, de defender un proyecto millonario a ocupar el sillón desde el cual se lo debe controlar.

Si la ética cede ante la comodidad política, la factura la paga la credibilidad de las instituciones.

Ricardo Alba






Comentarios

Entradas populares de este blog

Memoria selectiva y olvido conveniente

Refinar es más rentable para ANCAP: Un ahorro clave para Uruguay

Designaciones a dedo : el método preferido del Frente Amplio