Seguridad social : ¿Competitividad o Canibalismo?

 

Recientemente, un informe del Banco de Previsión Social (BPS) volvió a poner en evidencia un dato llamativo: Uruguay tiene una de las tasas patronales más bajas de la región y del mundo.

Mientras el trabajador aporta el 15% de su salario al sistema jubilatorio, el empleador solo contribuye con un 7,5% en el régimen general. Aunque la carga total (22,5%) se ubica por encima del promedio mundial, el peso relativo que recae sobre las empresas es de los más reducidos a nivel internacional.

Este esquema responde a una estrategia histórica de utilización de los aportes patronales como herramienta de política económica sectorial.

Sin embargo, estamos ante el punto de quiebre de cualquier modelo de seguridad social basado parcial o totalmente en el reparto : cuando la variable demográfica se vuelve adversa, la "bajada de impuestos" como herramienta de competitividad se convierte en un canibalismo del futuro para pagar el presente.

La falacia del "impuesto como freno"

Si la competitividad dependiera exclusivamente de la tasa patronal, Uruguay debería estar inundado de inversión extranjera y niveles de empleo récord. Al no ser así, queda demostrado que el problema de la competitividad es sistémico ,vinculado al costo país, la infraestructura, la eficiencia y el marco regulatorio y no meramente tributario.

Usar la tasa patronal como único incentivo es un error táctico que deja al sistema previsional desguarnecido sin mejorar sustancialmente el entorno de negocios.

La "solución escopeta" y la pinza demográfica

La metáfora de la "solución escopeta" de Alberto Levy es sumamente ilustrativa en este contexto. Al aplicar una tasa patronal artificialmente baja para ganar competitividad inmediata, estamos disparando a la estructura de financiamiento del propio sistema.

Según las proyecciones del INE (Revisión 2025), el país se encamina hacia una reducción poblacional con un envejecimiento pronunciado: para 2070, los mayores de 65 años representarán más del 32% de la población.

En este escenario, mantener una tasa patronal tan baja es, contablemente, un suicidio. Es un sistema que intenta sostener una estructura de bienestar del siglo XX con una pirámide poblacional que ya no existe. Al no captar los recursos necesarios hoy, trasladamos una deuda impagable a las futuras generaciones.

Hacia un cambio de paradigma: La búsqueda de competitividad por otro lado

La defensa del statu quo utilizando a esta altura la infame solución de las bajas tasas patronales se siente como una estrategia defensiva para no reconocer que el modelo requiere una cirugía mayor. Debemos abandonar la vía de la "escopeta" tributaria y enfocarnos en la productividad real mediante:

     Eficiencia en el gasto público: El control del "gasto hormiga" y del uso abusivo de los sistemas de protección social es una fuente inmediata de ahorro que no requiere bajar tasas.

     Reforma de la estructura productiva: Competir por valor agregado, tecnología y capital humano, en lugar de intentar hacerlo por precio mediante mano de obra barata. El Estado debe ser un impulsor de la capacitación.

     Transparencia de costos: La competitividad nace cuando el empresario sabe que cada peso aportado se traduce en un servicio eficiente y no en un subsidio a la ineficacia estatal.

Conclusión

Una visión batllista del siglo XXI debe sostener la protección social como pilar civilizatorio, pero garantizando su sostenibilidad financiera.

Esto requiere un Plan Nacional de Demografía integral y el coraje de evaluar con rigor las exoneraciones existentes. No se trata de subir impuestos, sino de reconocer que, frente al envejecimiento, las soluciones cortoplacistas son las más caras.

Es hora de pasar de los parches a una estrategia de largo aliento que proteja el presente sin comprometer el futuro.

Ricardo Alba  El Día 13 de junio 2026






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