Regular para proteger : el camino batllista
El debate
sobre el sistema previsional uruguayo parece haber quedado atrapado en un
callejón sin salida mediático.
Por un
lado, se agita el fantasma de la "estatización" como si cualquier
intento de reforma fuera un ataque a la propiedad privada; por otro, se
defiende un status quo que, bajo la apariencia de solidez técnica,
esconde ineficiencias que terminan costándole caro al bolsillo de los
uruguayos.
Sin
embargo, existe una alternativa que el país reclama y que nuestra tradición
política conoce bien: la regulación activa en beneficio del trabajador.
No se
trata de dejar todo como está, permitiendo que un oligopolio de cuatro actores
siga operando con márgenes de renta asegurada. Pero tampoco se trata de volver
a modelos que ignoran la realidad demográfica y financiera. La clave está en la
competencia real, esa que hoy brilla por su ausencia.
El costo del silencio administrativo
Técnicamente,
el sistema actual es de una asimetría flagrante. Debemos decir con claridad que
las comisiones que se cobran en Uruguay se encuentran entre las más altas del
mundo en relación con el servicio prestado.
Hoy, el
trabajador paga un "peaje" por adelantado sobre su salario nominal,
una comisión que se deduce antes de que su dinero empiece a trabajar. Es un
sistema donde el riesgo lo corre íntegramente el ahorrista: si el fondo pierde
valor por los vaivenes del mercado, la administradora cobra su comisión de
todas formas, blindando su rentabilidad mientras el trabajador ve cómo se
estanca su futuro.
Es aquí
donde la visión batllista debe intervenir con firmeza.
El
Batllismo nunca fue enemigo de la iniciativa privada, sino del privilegio y del
monopolio,o del oligopolio, que extrae rentas excesivas de una posición de
fuerza. Que las AFAP hayan obtenido ganancias de 30,5 millones de dólares
en un solo ejercicio no es un pecado en sí mismo, pero se vuelve una afrenta
cuando esas utilidades no son el resultado de una competencia feroz por ofrecer
la mejor gestión al menor precio, sino la consecuencia de un sistema cautivo.
Licitación: Mercado al servicio del hombre
La
alternativa no es el monopolio estatal, sino la licitación de carteras.
Este mecanismo, probado con éxito en democracias modernas, obliga a las
administradoras a competir por el derecho de gestionar los fondos, adjudicando
los nuevos aportantes a aquella entidad que ofrezca la tasa de comisión más
baja.
Llamar a
esto "estatización" es un error conceptual o una maniobra de
distracción. Regular para incentivar la competencia es, en realidad, profundizar las virtudes del mercado
eliminando sus vicios.
Si las
AFAP son tan eficientes como pregonan sus defensores, no deberían temer a una
subasta donde el ganador sea aquel que más beneficie al trabajador.
La injusticia del aporte y el ajuste final
No
podemos ignorar la carga desproporcionada que hoy recae sobre el trabajador.
Mientras el aporte patronal en Uruguay se mantiene en un modesto 7,5%, el
trabajador carga con el 15% de su ingreso, del cual una porción sustancial se
desvanece en comisiones y primas de seguro antes de llegar a su cuenta
personal.
A este
esfuerzo contributivo se le suma el ajuste final en la etapa de pasividad.
Cuando el dinero pasa de la AFAP al Banco de Seguros del Estado, el jubilado se
encuentra con "filtros" técnicos (tablas de supervivencia y tasas de
interés de referencia) que actúan como una nueva poda sobre su renta mensual.
El resultado es una jubilación que suele quedar muy por debajo de las
expectativas generadas durante décadas de trabajo.
Conclusión: Un Estado que equilibre la balanza
En
definitiva, no estamos ante una elección entre "lo privado" y
"lo público", sino entre un sistema de renta asegurada para pocos o
un sistema de ahorro protegido para muchos.
Nadie
pretende quitarle el lucro legítimo a las administradoras, pero ese lucro debe
ser el premio a la excelencia y no el fruto de una posición dominante.
El país
necesita una regulación que deje de ser un espectador pasivo de la recaudación
(tarea que, dicho sea de paso, el BPS realiza gratuitamente para las AFAP) y
pase a ser el garante de que cada peso aportado por el trabajador rinda al
máximo.
Defender
el ahorro del trabajador es, por encima de todo, una cuestión de justicia
social y de solvencia moral. Es hora de que la competencia deje de ser un
eslogan publicitario y se convierta en la herramienta para que el sistema
previsional sea, finalmente, el refugio seguro que los uruguayos merecen.
Ricardo Alba El Día 25 de abril 2026
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