Voluntarismo digital y abismo financiero: Las grietas del nuevo plan social
El reciente
anuncio del Ministerio de Desarrollo Social sobre su "estrategia nacional
integral" para personas en situación de calle confirma que el gobierno de
Yamandú Orsi ha decidido abrazar el marketing de la miseria como
sustituto de la gestión estructural.
La
presentación, cargada de prolijas gráficas y promesas tecnológicas, choca de
frente con una realidad que ni el mejor PowerPoint puede ocultar: la falta de
recursos y la improvisación política.
La pieza
central de este despliegue, una aplicación móvil para que el ciudadano
"reporte" la pobreza en su esquina, es la confesión de un Estado
superado.
Es la tercerización
de la sensibilidad: se le pide al vecino que haga el trabajo de relevamiento que el MIDES debería tener resuelto, mientras se pretende que un algoritmo
sustituya la presencia humana y la intervención psiquiátrica necesaria en las
veredas.
Pero el
problema no es solo de enfoque, sino de credibilidad económica.
Mientras el
oficialismo promete un horizonte de 3.000 viviendas de acompañamiento social
para el final del período, los informes técnicos y la prensa especializada, como
ha consignado el semanario Búsqueda, ya advierten sobre el vacío de
financiamiento.
¿Cómo se
piensa sostener un despliegue de tal magnitud cuando los recursos en la
Rendición de Cuentas no aparecen con la misma claridad que los anuncios de
prensa?
Prometer
viviendas sin presupuesto es, lisa y llanamente, demagogia habitacional.
Incluso dentro
del propio Frente Amplio las aguas están divididas.
Las críticas
internas por la falta de "liderazgo" en el área social y la demora en
reaccionar ante una población de calle que no deja de crecer, demuestran que
este plan parece más un intento de "calmar las fieras" propias que
una solución para los más vulnerables.
Al final,
nos encontramos con un gobierno que parece más preocupado por "recuperar
el centro del ring" mediático que por resolver el drama de la pasta base y
la salud mental.
Uruguay no necesita
más aplicaciones en el celular ni promesas para el 2028; necesita un Estado que
deje de vender humo digital y empiece a gestionar con los pies en el barro y
los números en la mano.
La calle no
es un bache que se denuncia; es la prueba de una política que, por ahora, solo
sabe hacer anuncios.
Ricardo Alba El Día 11 de abril 2026
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