Una nación que se consume a sí misma : el drama de Uruguay

 

En economía, existe un concepto tan elemental como implacable que el actual gobierno del Frente Amplio parece haber desterrado de su diccionario público: el costo de reposición.

Se trata, ni más ni menos, de la inversión mínima necesaria para que un país no se caiga a pedazos; es lo que debemos gastar solo para cubrir el desgaste de nuestras rutas, la obsolescencia de nuestras máquinas y el agotamiento de nuestras herramientas productivas.

Hoy, las alarmas se encienden porque las cifras del PBI que nos presenta la administración de Yamandú Orsi no son solo magras: son engañosas.

La ilusión del crecimiento "cero"

Los recientes ajustes a la baja de los organismos internacionales, que sitúan el crecimiento de Uruguay en un anémico 1,6% para este 2026, no deben leerse como una cifra positiva, por pequeña que sea. En la realidad estructural de nuestra economía, un crecimiento inferior al 2% es, en la práctica, un retroceso.

¿Por qué? Porque ese 1,6% ni siquiera alcanza para cubrir el Consumo de Capital Fijo. Estamos produciendo menos de lo que nuestras propias estructuras se desgastan.

Es la imagen de una familia que celebra haber ganado unos pesos extra, mientras ignora que se le llueve el techo y se le rompió la herramienta de trabajo.

Uruguay no está creciendo; Uruguay se está "comiendo" su stock de capital para sostener un presente ficticio.

Un gobierno sin repuestos

Lo más preocupante no es la frialdad de los números, sino la parálisis de las políticas.

Tras el fin del impulso de los grandes proyectos de inversión del pasado, nos encontramos ante un desierto de iniciativa.

 La Formación Bruta de Capital Fijo está estancada. No hay en el horizonte medidas de fondo que incentiven la renovación tecnológica o la infraestructura de gran escala que el país reclama a gritos para ser competitivo.

El oficialismo parece cómodo administrando la inercia.

Sin embargo, la inercia en economía es el preámbulo de la decadencia. Con un déficit fiscal que galopa cerca del 4,5%, el margen de maniobra se agota.

El Estado gasta más de lo que tiene, pero no invierte en lo que necesita. Estamos hipotecando la capacidad productiva de la próxima década para financiar el relato del "cumplimiento" de hoy.

La sentencia de la obsolescencia

Un país que no repone lo que consume es un país que se vuelve más caro, más ineficiente y, finalmente, más pobre.

Mientras los países de la región buscan desesperadamente saltos de productividad, Uruguay parece resignado a una "marchitez gradual".

Las autoridades del Frente Amplio deben dejar de maquillar las décimas del PBI y responder a la pregunta de fondo: ¿Cómo piensan revertir la descapitalización nacional?

La complacencia ante estos pronósticos a la baja no es prudencia, es una abdicación de la responsabilidad histórica de conducir al país hacia el desarrollo real.

Si no se instrumentan hoy políticas de shock que fomenten la inversión privada y la eficiencia pública, mañana no tendremos nada que repartir, simplemente porque habremos terminado de consumir los cimientos sobre los que estamos parados.

Un gobierno que se conforma con un crecimiento bruto que ni siquiera cubre el desgaste de sus herramientas, no está gobernando el progreso; está administrando la herencia hasta que no quede nada.

La pregunta para la administración de Orsi ya no es cuánto vamos a crecer, sino cuánto de lo que ya teníamos estamos dejando que se pierda definitivamente por el camino.

Ricardo Alba  El Día 18 de abril 2026





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