¿Soberanía en Venta o Negligencia Programada?

 

La República se asoma a un abismo de contradicciones que debería encender todas nuestras alarmas.

Mientras la delegación oficial regresa de Pekín con maletines llenos de "acuerdos de cooperación" cuyo contenido se desconoce pero despiertan muchas dudas,, el mar uruguayo (nuestra última frontera) permanece desprotegido, bajo el acecho de una flota extranjera que no conoce de límites biológicos ni de respetos diplomáticos.

Un legado bajo amenaza

Es imperativo hacer memoria. El 15 de diciembre de 1969, bajo la presidencia de Jorge Pacheco Areco, Uruguay dio un paso de gigante al promulgar el Decreto 604/969, que extendió nuestra soberanía sobre el mar territorial a 200 millas.

Fue un acto de audacia política y visión de futuro; la afirmación de que el destino de la Nación no terminaba en la arena de sus playas, sino que se proyectaba sobre la riqueza de su plataforma continental.

Se adelantó en más de una década a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR) de 1982, desarrollando una doctrina jurídica sólida para defender que los países ribereños tenían derecho preferencial sobre los recursos adyacentes a sus costas.

Hoy, ese legado parece haberse convertido en papel mojado frente a una armada de entre 350 y 400 barcos extranjeros que asedian impunemente nuestro límite marítimo.

Los "Barcos Fantasmas" y la hemorragia de recursos

El método del robo es tan sofisticado como cínico. Estos "barcos fantasmas" operan bajo un manto de invisibilidad tecnológica: desconectan deliberadamente sus transpondedores AIS (el sistema que informa su posición) justo antes de cruzar nuestras fronteras.

Al "apagarse" en los monitores, se convierten en sombras que penetran en nuestras 200 millas para succionar recursos durante la noche, utilizando potentes luces que alteran el ecosistema.

Esta "flota oscura" no solo roba pescado; destruye el futuro:

  • Colapso de la Merluza: De las 164.000 toneladas capturadas en 1992, hoy apenas se llegan a 15.000 toneladas; un desplome del 91% que indica un ecosistema al borde de la muerte técnica.
  • Rotura de la cadena trófica: Al saquear masivamente el calamar, estos barcos dejan sin alimento a la merluza, los pingüinos y los mamíferos marinos, rompiendo el equilibrio de nuestra biodiversidad.
  • El blanqueo en alta mar: Mediante transbordos a buques nodriza, la riqueza uruguaya se transfiere en el océano y se esfuma hacia puertos lejanos sin dejar un solo peso en nuestra economía.

Montevideo: ¿Puerto Soberano o Base del Saqueo?

Aquí radica la contradicción más hiriente: el riesgo de que el Puerto de Montevideo se consolide como la estación de servicio y pulmón logístico de esta flota depredadora.

Firmar acuerdos que faciliten servicios portuarios a estos buques sin un control férreo sería, en la práctica, darles la logística necesaria para que sigan devastando nuestro mar.

No podemos permitir que nuestra capital vuelva a ser señalada internacionalmente como un "puerto pirata".

Brindar mantenimiento, víveres y combustible a buques que apagan sus radares para robarnos es una forma de complicidad institucional.

Si Montevideo se convierte en la base de operaciones de quienes desprecian nuestra ley, la soberanía de las 200 millas pasará de ser un derecho a ser una simple ficción geográfica.

El misterio de las patrulleras

La soberanía no se defiende con discursos, sino con presencia. El proceso de adquisición de las Patrulleras Oceánicas (OPV) con el astillero Cardama, las únicas naves con la velocidad y tecnología para perseguir y capturar a estos "fantasmas", ha entrado en un laberinto de frenos y dudas.

Resulta también incomprensible que el Estado uruguayo no utilice al 100% la tecnología satelital disponible por falta de medios operativos. ¿Cómo se explica que Uruguay renuncie a sus ojos y a sus manos en el océano justo cuando el depredador se sienta a la mesa de negociación?

No alcanza con saber dónde están los piratas si la Armada no tiene barcos con qué salir a interceptarlos.

Conclusión

Entregar la logística de nuestros puertos o firmar pactos pesqueros sin capacidad real de control no es "pragmatismo comercial". Es una capitulación que deshonra nuestra historia. Un gobierno de hace 57 años supo mirar al horizonte y reclamar lo que era nuestro.

El gobierno actual parece mirar hacia el Este con una complacencia que asusta, permitiendo que nuestro mar sea una zona liberada.

La soberanía de las 200 millas no se negocia en despachos; se defiende en el agua. Y hoy, lamentablemente, el mar uruguayo está más solo que nunca.

Ricardo Alba   El Día 7 de febrero 2026





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