La "irritante" lucidez de Francia: ¿Tenía razón el espíritu de Napoleón?
Hace
años, cuando vi a François Mitterrand asumir la presidencia de Francia, pensé
algo que hoy se confirma con una fuerza arrolladora: podrá haber sido
socialista, pero actuaba y pensaba con la misma lógica imperial con la
que lo hizo Napoleón. No es una cuestión de ideología, es una cuestión de
visión estratégica que el resto de Europa parece haber perdido.
Un
reciente artículo de The Economist pone el dedo en la llaga sobre una
sensación molesta que recorre las capitales europeas en este 2026: la
sensación de que Francia tenía razón.
Mientras
el resto de los países de Europa caían en la comodidad y la pereza, dejando que
Estados Unidos liderara para ahorrarse el esfuerzo y el gasto, Francia mantuvo
una determinación persistente de actuar por su cuenta.
Desde De
Gaulle hasta Macron, París nunca compró el discurso de la "Pax
Americana" como algo eterno. Ellos sabían que, en el tablero
internacional, el aliado de hoy puede ser el ausente de mañana.
El pecado
de la comodidad La
búsqueda de la comodidad cegó al continente en dos frentes críticos que hoy les
pasan factura:
1.
La trampa del gas ruso: Europa prefirió el gas barato de Moscú porque era
cómodo y fácil para sus industrias, ignorando las advertencias de que estaban
entregando las llaves de su calefacción y sus fábricas a un régimen hostil.
Cambiaron soberanía por ahorro mensual.
2.
La dejadez militar: Se acostumbraron a vivir bajo el paraguas del Pentágono. Francia, en
cambio, se empeñó en su propia disuasión nuclear, en fabricar sus propios
aviones y en lanzar sus propios satélites. Hoy, mientras otros tiemblan ante
los cambios políticos en Washington, Francia tiene con qué responder.
La
lección francesa A menudo
se tilda a los franceses de arrogantes o altivos. Pero lo que muchos confunden
con arrogancia es, en realidad, un realismo geopolítico brutal.
Francia
entiende que la soberanía no es un regalo, sino un ejercicio diario de poder.
Mitterrand
y sus sucesores entendieron que Europa no puede ser un actor serio si se
comporta como un protectorado. La comodidad de delegar la defensa y la energía
ha salido carísima.
Hoy,
cuando los líderes europeos se miran las caras en las cumbres de seguridad, se
dan cuenta de que la "irritante" insistencia francesa en la autonomía
estratégica no era una manía de grandeza, sino una necesidad de
supervivencia.
Como bien
decía el General De Gaulle: "Francia no puede ser Francia sin
grandeza". Quizás el problema del resto de Europa es que se olvidó de
que, para sobrevivir en este mundo, hace falta un poco de esa ambición imperial
y mucha menos pereza estratégica.
Ricardo Alba El Día 28 de febrero de 2026
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