El naufragio ambiental de Montevideo: Entre el olor a desidia y el ecocidio de Casupá
Montevideo
se despierta este enero de 2026 con una bofetada de realidad que ni la
propaganda oficialista puede ocultar. Mientras el discurso del "Montevideo
Verde" se imprime en folletos satinados, el olfato de los vecinos de Paso
Carrasco y la salud de los bañistas en nuestras costas cuentan una historia
radicalmente distinta. La capital se hunde, no bajo el agua, sino bajo la
inoperancia de una Intendencia que ha convertido la gestión ambiental en un
ejercicio de señalética vacía.
La bandera de la vergüenza
La
reciente y desesperada ocurrencia de la Intendencia de Montevideo de crear una
"nueva bandera" para alertar sobre niveles críticos de enterococos
es la confesión final de un fracaso. Ya no les alcanza con la bandera sanitaria
para las cianobacterias; ahora necesitan un catálogo de colores para avisarnos
que estamos nadando en residuos fecales.
En lo que
va de enero, ya son ocho las playas que han superado los límites de
seguridad biológica. ¿La respuesta de las autoridades? Poner un trapo naranja
en la arena. No hay inversión estructural, no hay soluciones de fondo; solo hay
advertencias para que el ciudadano común asuma el riesgo que el Estado no sabe
(o no quiere) mitigar.
El Emisario de Punta Carretas: Una bomba de tiempo
El gran
elefante en la habitación o mejor dicho, bajo el agua, es el emisor
subacuático de Punta Carretas. Mientras la Dirección de Desarrollo
Ambiental mira hacia otro lado, las denuncias por filtraciones y roturas en
esta estructura de más de 30 años se acumulan. El caño, que debería depositar
los efluentes a kilómetros de la costa, es hoy un colador que devuelve la
contaminación a nuestras orillas por pura falta de mantenimiento.
Es la
crónica de una desidia anunciada: se prefiere gastar en festivales y marketing
político antes que en la ingeniería invisible que sostiene la higiene de una
ciudad. La "Montevideo que nos cuida" parece terminar donde empieza
el presupuesto para infraestructura básica.
El Arroyo Carrasco: El monumento al abandono
El caso
del Arroyo Carrasco es, quizás, la herida más abierta. El mal olor que
impregna la zona no es un fenómeno natural; es el aroma de la parálisis
administrativa. El Ministerio de Ambiente y la Intendencia de Montevideo juegan
al "pase de responsabilidad" mientras el ecosistema muere. Se habla
de cambiar la desembocadura, de biobardas de utilería y de monitoreos
constantes, pero la realidad es que el arroyo sigue siendo una cloaca a cielo
abierto que castiga a los vecinos más humildes y destruye el patrimonio natural
de la zona.
De la desidia costera al ecocidio de Casupá
Pero este
modelo de gestión no se limita a la costa. El mismo impulso ideológico que
descuida el saneamiento en la capital es el que empuja proyectos nefastos como
la represa de Casupá. Como bien ha denunciado Ricardo Alba, estamos
ante un "ecocidio" planificado. Bajo la excusa de la seguridad
hídrica, el Frente Amplio parece dispuesto a sacrificar ecosistemas enteros,
ignorando alternativas más sostenibles y científicamente avaladas.
Es una
política ambiental de fachada: se dicen defensores de la naturaleza en los
foros internacionales, pero en la práctica gestionan el territorio con una
ceguera técnica alarmante.
Conclusión
El
Ministerio de Ambiente y las direcciones especializadas de la Intendencia se
han convertido en burocracias de oficina, expertas en redactar informes que no
limpian un solo litro de agua. Montevideo y el país no necesitan más banderas
de colores ni discursos de preocupación. Necesitan obras, necesitan
mantenimiento y, sobre todo, necesitan una gestión que deje de priorizar la
militancia sobre la gestión técnica.
Elizabeth Gómez. El Día 24 de enero 2026
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